El común denominador de las posiciones deterministas es la asunción de que todo está causalmente determinado por una relación de causa-consecuencia. Por ejemplo, si una piedra cae al suelo, se debe a la gravedad, la gravedad se debe a la masa de un cuerpo, etc., y así las cadenas de relaciones causales ad infinitum. Lo cual, a mi parecer guarda una estrecha relación con la razón o logos, el pensamiento científico,  la ilustración.

Por contra, la idea del libre albedrío postula que la conducta humana escapa a estas cadenas causales. Tradición que, a mi entender, está fuertemente vinculada a la religión, al mito, a la dominación, a la desigualdad.

La religión se vale de la idea de libre albedrío para justificar la existencia de conductas obedientes y desobedientes, así como para justificar también el premio y el castigo en la vida eterna. Lo que también guarda relación con la disyunción entre la idea de “prisión como castigo” frente a la concepción de la prisión como medio para proteger al resto de ciudadanía de alguien que ha llevado a cabo determinadas conductas dañinas para los demás, y que por ende, podría ser probable que las volviera a llevar a cabo si no se tomaran medidas preventivas.

¿Podríamos decir que en la derecha está implícita la creencia en el libre albedrío cuando se recurre a afirmaciones como las siguientes?

  • “no trabaja porque no quiere, es un vago”
  • “quién tiene es porque merece, y el que no tiene es porque no merece”

De la revisión macro rápidamente se desprende que estas afirmaciones no son muy sensibles a la realidad humana y a lo que nos muestran los datos. Por ejemplo, sabemos que la movilidad social es mínima, es decir, el que nace en determinada estrato económico, es altamente probable que concluya su vida formando parte del mismo estrato. Lo cual evidencia la falsedad de las afirmaciones anteriores. O poniendo otro ejemplo, podríamos predecir la probabilidad de que alguien encontrara trabajo conociendo variables tan burdas como género, lugar de nacimiento, color de piel, idioma, educación, etc.

Obviamente hay excepciones de lo que en primera instancia se desprendería de variables como las mencionadas, pero estas excepciones se explican por la influencia de variables sutiles o menos evidentes. Además, el hecho de que se puedan dar “excepciones” por mediación de variables sutiles, puede estar jugando en favor de la perpetuación de la desigualdad, tal y como explica la famosa “teoría de la válvula de escape”, que propone algo así como que la perpetuación del sistema necesita de estas excepciones para justificarse a sí mismo. Es decir, el orden establecido emplea en su beneficio el relato de la existencia de sujetos que aparentemente parten de la nada y consiguen alcanzar grandes retribuciones económicas o altas cotas de poder.

Algo así como: “si Steve Jobs” salió de un garaje, tú también puedes”. Una regla lógicamente tan absurda como: “si X en una situación A consiguió Z, entonces, Y en una situación B puede conseguir Z”.

Hay que tener en cuenta que no hablamos solo de distintas personas, sino que las situaciones siempre son distintas por necesidad -a no ser que se encerraran a dos sujetos en situaciones experimentales controladas, y  aun así, nos sería técnicamente muy difícil controlar todas las variables contextuales. Aquí es donde entra la ciencia de la conducta, desde la que  se explica que lo que comúnmente entendemos como condiciones parejas no lo son.

¿Puede ser que en relatos como el anterior sobre Steve Jobs se obvien variables sutiles absolutamente determinantes?

A menudo se escuchan frases como: “dos hermanos – asumiendo que tienen las mismas condicionantes contextuales o entorno- ¿cómo se explica que uno sea juez y el otro delincuente?”. Entonces, para dar respuesta a esto común y erróneamente se recurre al libre albedrío.

El entorno para dos individuos distintos siempre es distinto, por el simple hecho de que dos individuos no pueden estar exactamente en el mismo sitio a la vez. Si dos hermanos están sentados compartiendo mesa en una terraza, uno mirando al mar y el otro mirando a la montaña, el estímulo visual es distinto. Dos cuerpos humanos no pueden ocupar exactamente el mismo espacio en el mismo momento, y por lo tanto, no pueden estar recibiendo exactamente las mismas condiciones estimulares.

Desde la psicología se sabe que la conducta humana responde a estímulos extremadamente sutiles, como la temperatura de la silla en la que está sentado, el sonido de fondo, el tacto en las manos del soporte que el lector está empleando para leer estas líneas, etc. Por ejemplo, los bebés humanos, responden con un reflejo de andar en cuanto sienten una ligera estimulación táctil en la piel de la planta del pie.

Toda conducta resulta de la conjunción de los estímulos presentes, la predisposición genética y la historia vital.

Desde la ciencia conductual, se entiende por conducta humana todo aquello que los humanos hacemos. Es decir, tanto las conductas manifiestas -todas aquellas conductas observables desde el exterior- y las conductas no manifiestas o no observables -lo que se siente o piensa-.

Es conocido que las conductas no manifiestas no son algo aleatorio, sino que están sujetas o condicionadas. Por lo que queda cerrada toda posibilidad de libre albedrío, es decir, que sean algo distinto a productos, consecuencias o reacciones.

La imposibilidad de controlar y medir -por su enorme sutileza- todas las variables o estímulos que determinan la conducta humana, no implica que la conducta humana no sea explicable como producto de estímulos.

Al mencionar variables como las anteriormente citadas -género, lugar de nacimiento, color de piel, idioma, educación-, estamos poniendo el foco en un punto de vista macro.

La perspectiva macro sería algo así como pescar con red, puesto que es poner en el punto de mira grandes conjuntos de variables agrupados bajo una variable más amplia, la cual permite gran disparidad de variables sutiles. Es decir, podríamos tomar la variable “nivel socio económico” y no sabríamos nada de cómo influyó en su posterior carrera como físico, aquella mirada fugaz del profesor cuando el chico entregó aquella tarea escolar. Empleamos estos grandes conjuntos de variables -a pesar de admitir gran variabilidad- por ser evidentes y operativos, pues agrupan ciertas condiciones suficientes como para describir y predecir tendencias conductuales en sujetos o grupos de sujetos. Como por ejemplo, nacer en determinado barrio podría incrementar o reducir la probabilidad que la persona padeciera  alguna adicción química o drogadicción.

¿Podemos asumimos que los valores de la derecha son más fácilmente justificables desde la creencia en el libre albedrío? de ser así, ¿tendría sentido pensar que la derecha tiene mayor interés o inclinación en defender esta creencia?

¿Puede ser que desde la izquierda se admita que las variables macro – como: género, color de piel, lugar de nacimiento, nivel económico, etc.- sean algo influyente en la conducta de las personas, pero que a la vez, se menosprecie la influencia de las variables micro?

¿Podría ser que la hegemonía estuviera interesada en que creamos en el libre albedrío para justificar y perpetuar el sistema? ¿Podría ser que se sirviera de la demonización del determinismo como elemento clave en la perpetuación del orden establecido?

Si saliéramos a la calle a preguntar:

¿Todo lo que hay y sucede en el universo es consecuencia de algo?

Creo que la respuesta mayoritaria sería afirmativa.

En cambio, qué pasaría si preguntáramos algo implícito en la primera pregunta:

¿Todo lo que hacemos los humanos es consecuencia de algo?

Y qué pasaría si preguntáramos:

¿Todo lo que piensas, sientes y haces está determinado por por tus genes y tu entorno?

La misma etimología de la palabra “sujeto” nos revela su naturaleza. Sujeto viene del latín “subjectum” que se traduciría como “puesto debajo”. Sujeto como algo sometido a las contingencias, y por lo tanto, determinado por estas.

¿Estamos de acuerdo en que la posibilidad de conocimiento parte de que las cosas tienen explicación? Entonces, asumir que nada puede explicar lo que el humano hace -más allá de decir que hace lo que quiere porque tiene libre albedrío-, ¿pudiera ser una visión que nos condena a la ignorancia y al oscurantismo en lo relativo a lo que el humano hace? ¿Puede que esta ignorancia esté favoreciendo a unos y perjudicando a otros, y manteniendo la desigualdad propia del orden establecido?

determinismo-psicologo-barcelona

Caricatura de Charles Darwin | Símbolo del ego humano herido

Tal vez uno de los motivos fundamentales por los que se mantiene la creencia en el libre albedrío sea por lo que llamaré aquí “ego humano”. Como sabemos, la humanidad se esforzó tanto como pudo en creer que la tierra era el centro del universo y del sistema solar, hasta que la evidencia cayó con todo su peso, y supimos que la tierra era solo un planeta más.  De la misma manera nos costó aceptar el relato evolucionista, puesto que esto situaba al humano como primate.

Asumir el determinismo significaría agrandar la herida en el ego humano, puesto que arremete una vez más contra el endiosamiento tan propio de nuestro género.

Para algunos es inaceptable poner al humano en este nivel, en el de organismo que responde a partir de su condición genética, su historia vital y su entorno presente.

Pero en mi opinión, tener estima por el ser humano o cualquier otra cosa, significa valorar lo que es, en vez de necesitar atribuirle unas propiedades que no tiene, para de esta forma considerarlo digno de ser valorado. Así, podemos reconocer que estimamos el planeta tierra, en tanto que es el nuestro aun siendo solo un planeta; de la misma manera que estimamos al ser humano porque es lo que somos, aun a sabiendas que es otro animal que no escapa a la empírea o mundo físico, sino que está sujeto.

En psicología hablamos de contingencias para referirnos a las cadenas causales que se pueden o no dar. Por ejemplo:

  • Estímulo: Baja temperatura
  • Estímulo-Respuesta 1: sensación de mal-estar
  • Estímulo-Respuesta 2: pensamiento “voy a arreglar esto”
  • Estímulo-Respuesta 3: ir a por una mantita eléctrica.

Fijémonos en que cada respuesta del ejemplo, se puede convertir en estímulo condicionante de otra conducta posterior. Además, en la aparición de cada respuesta está jugando un papel fundamental la historia vital, es decir, un enorme cúmulo de aprendizajes. Por ejemplo, el Estímulo-Respuesta 2 -pensamiento “voy a arreglar esto” implica el aprendizaje del lenguaje -que a su vez, su adquisición depende de una gran cantidad de aprendizajes-, el Estímulo-Respuesta 3, pasa por otros aprendizajes como por ejemplo conectar el enchufe a la toma de corriente.

Obviamente, explicar las -hasta ahora conocidas- reglas que rigen la conducta humana, escapa con mucho a las pretensiones de este artículo, pero lo que sí me gustaría transmitir es su naturaleza. Si quisiera repasar el funcionamiento de las reglas  básicas del aprendizaje, se explican aquí (https://psicologo.barcelona/condicionamiento-clasico-y-operante-reforzamiento/) de forma breve, mediante un vídeo corto, textos y esquemas.

Por lo tanto, si sabemos que el humano está sujeto a las contingencias, ¿bajo qué tipo de justificación podríamos admitir que todos los humanos no fueran igualmente dignos?

Si entendemos que todas las personas son igualmente dignas y que la dignidad es un valor universal que defiende el acceso a recursos y disposición de tiempo libre del cual el sujeto es soberano; y a su vez, asumimos que todas las personas somos distintos en potencialidades y habilidades, y que esto es resultado de la interacción entre genética y entorno, creo que solo encontraríamos coherencia en la izquierda, y que este entendimiento nos ayudaría a hacernos más fuertes para caminar hacia una organización más justa en la que la mayoría pudiéramos vivir mejor.

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