Cuánto duran los tratamientos psicológicos

“Lo breve, si es bueno, dos veces bueno.

Y lo malo, si poco, no tan malo.”

¿Son efectivos los tratamiento breves?

Sí, incluso en muchos casos pueden ser más eficaces que los tratamientos de larga duración.

Por lo general las personas acuden a terapia psicológica al padecer una situación dolorosa, con el objetivo principal de superarla. Como es lógico, lo deseable es acabar con el dolor cuanto antes, pero no de cualquier manera, sino de una forma duradera que nos permita dirigirnos hacia aquella vida que deseamos. Esta es una de las razones por las que abogábamos por terapias breves y eficaces basadas en la evidencia científica. Además, los tratamientos que empleamos, no van exclusivamente dirigidos al síntoma, es decir, al dolor particular que ha llevado a la persona a solicitar la visita psicológica, sino que además de resolver el síntoma, nos esforzamos por equipar a la persona con un conjunto de aprendizajes y herramientas con los que se hará más fuerte para el resto de situaciones complicadas de su vida, de manera que pueda salir adelante al disponer de los medios. A continuación pasamos a enumerar algunos otros motivos del porque tienden a ser más convenientes las terapias breves, así como algunas excepciones.

No crear dependencia a la terapia

Uno de nuestro principales motivos para dedicarnos a esto es el contribuir al empoderamiento de las personas.  Eso es, queremos cooperar con las personas en el camino de hacerse más libres, más fuertes, más autosufientes, más plenas, más capaces de encarar por sí mismas la gestión de su propia vida.  Desde la psicología sabemos que los tratamientos largos pueden ser contraproducentes al generar en la persona el efecto contrario al deseado. En otras palabras, puede que la persona desarrolle cierta dependencia a la terapia, y la dependencia es algo muy opuesto al empoderamiento, y por lo tanto, contraria a nuestros objetivos y principios.

 

El coste del tratamiento

A demás del perjuicio del coste en la autonomía personal de la que hablábamos anteriormente al alargar la duración del tratamiento, hay otro perjuicio en cuanto a coste se refiere, que es el coste económico. A más sesiones mayor coste económico. Evidentemente, si lo que queremos es favorecer a nuestro usuario en todos los sentidos, raramente lo estaríamos haciendo de manera adecuada si menospreciáramos el inconveniente del gasto económico.

Llegar a más personas

Esto no necesita mucha explicación, pero vamos allá. Por una cuestión de disponibilidad, a menor duración de los tratamientos, más tratamientos podremos realizar y a más personas podremos llegar.

Las excepciones

Problemas que por su naturaleza requieren de un tratamiento largo o crónico

Hay personas que padecen ciertas afecciones -como por ejemplo esquizofrenia o Trastornos de personalidad límite- en las que puede ser conveniente ayuda psicológica con determinada regularidad durante periodos prolongados.

Consultas de control y evaluación

Una vez terminada la fase del tratamiento que requería mayor frecuencia en las consultas, en algunos casos puede ser apropiado ir haciendo visitas espaciadas en largos periodos de tiempo -como por ejemplo cada 6 meses- para controlar que se está siguiendo adecuadamente el camino trazado, y que este camino sigue siendo adecuado para conseguir los objetivos que la persona quiere, además de reforzar las fases previas del tratamiento.

Consultas no constituyentes de tratamiento psicológico

Hay personas que gustan de tratar algunos temas con su psicólogo de confianza, por lo cual, se van visitando de vez en cuando, dado que el psicólogo guarda absoluta confidencialidad con todo lo que se trata en las sesiones. Lo cual puede servir como “desahogo” al poder tratar con alguien aquello que es íntimo.

 

¿Cuánto dura un tratamiento?

Depende. Hay personas que aun y partir de una situación muy dolorosa sienten una gran mejoría incluso con tan solo una sesión, mientras que como decíamos anteriormente, en algunos casos puede ser conveniente visitarse con regularidad durante largos periodos de tiempo. Por ejemplo, un tratamiento para de dejar de fumar con Terapia de Aceptación y compromiso podría establecerse con ocho semanas a una frecuencia de una sesión por semana, pudiendo ser convenientes posteriores sesiones de control. Siguiendo con los ejemplos, tratamientos contractuales para Ansiedad o Depresión, pueden oscilar entre cuatro y doce semanas a una frecuencia de una sesión semanal o quinquenal. Como decimos, la duración es variable y se va acordando la frecuencia conjuntamente con el usuario, siendo oportuno ir espaciando las sesiones a medida que se avanza en el tratamiento, pudiendo empezar con una frecuencia semanal, para pasar luego a una sesión quinquenal o mensual.

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