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La actividad ayuda a mejorar el estado de ánimo y a superar de la depresión

¿Puede ser que la simple activación, es decir, el llevara a cabo actividades, pueda mejorar radicalmente nuestro estado de ánimo?

Por simple que pueda parecer este principio, la investigación señala que así es.  ¿No es lógico que el mero hecho de satisfacer  compromisos con nosotros mismos y llevar a cabo acciones que valoramos como importantes se traduzca en una mejora en el estado anímico?

El principio parece sencillo y la investigación lo señala como eficaz, pero ahora nos podemos encontrar la dificultad del cómo ponerlo en práctica. Por ello, a continuación enumeramos unos tips para incrementar la probabilidad de que podamos llevar a cabo la activación.

Actuar de fuera a dentro en vez de actuar solo de dentro a fuera

Normalmente cuando tenemos tiempo libre hacemos los que nos apetece, lo que nos sale de dentro, como “me apetece ver una película, me apetece salir…”. Pero pudiera ser que en determinados momentos de nuestra vida nos sintiéramos un poco deprimidos y no nos apeteciera hacer nada, o por lo contrario, que lo que nos apeteciera fuera en contra de nuestros intereses y valores.  Por ejemplo, si valoramos el hecho de convertirnos en una persona que conozca un tema en profundidad, lo necesario será estudiar sobre ello, nos apetezca o no; de la misma manera, si para nosotros lo valioso es ser atléticos, lo oportuno será hacer deporte aun que no nos apetezca. Un ciclista, si quiere llegar a profesional, debe  salir a pedalear para conseguir su meta ya sea que llueva, haga frío o se sienta débil; debe  pagar ese precio para hacer aquello que le importa.

Ahora, ¿se puede hacer algo aun sin tener ganas? Cuando salimos a trabajar por la mañana, normalmente no nos preguntamos si nos apetece o no, lo hacemos y ya está, pero si nos lo preguntáramos, en la mayoría de los casos afirmaríamos que no nos apetece ¿pero esto implica que no podamos hacerlo? La respuesta evidentemente es negativa. Se puede hacer algo a pesar de que no te apetezca. Además, si nos sentimos deprimidos, lo natural es que no nos apetezca hacer nada a causa del propio sentimiento depresivo. Pero si no hacemos nada, raramente vamos a salir de este estado. El truco para superar estas sensaciones es la acción aunque no nos apetezca. ¿Y no es falso hacer las cosas cuando no me apetecen? Cuando una persona está deprimida, es como si tuviera un brazo roto. Le puede parecer anti natural el forzarse a escribir y hacer las tareas diarias con el brazo no dominante, pero aun así, debe forzarse a hacer la vida de este modo  durante un tiempo, hasta que se le cure el brazo, para luego empezar a tener ganas de hacer las cosas otra vez, de esta manera recuperarse y poder volver a actuar de dentro a fuera, en vez de actuar solo de fuera a dentro.

 

Graduar las tareas y definir su frecuencia

Tendemos a pasarnos de optimismo  al planificar las tareas. Es frecuente que establezcamos unos objetivos superiores a los que sería oportuno llevar a cabo en este momento. Por ejemplo, una persona que en otros tiempos salía a correr cada día, puede que considere que activarse significa salir a correr cada día o al menos 3 días a la semana. Aunque en otros tiempos hubiera podido correr con esta frecuencia, en la actualidad no está saliendo a correr ningún día a la semana. Por lo tanto, será un logro que salga a correr aunque sea un solo día. Por eso, puede ser más oportuno que el acuerdo no sea excesivo, para no defraudarnos, para no romper el compromiso, para sentir el éxito de haber cumplido nuestro objetivo.

Porque una regla importante a recordar es que el cambio será más fácil cuando se comienza por algo pequeño.

Podemos cocinar un pastel a partir de una receta pesando cada uno de los ingredientes, mezclándolos por separado, y después combinándolos, pero no podemos hacer el pastel echando todos los ingredientes a la vez en una cazuela con aceite, removiéndolos y metiendo la mezcla en el horno de cualquier manera. De modo parecido, las actividades deben ser descompuestas en pequeñas partes, en pequeñas metas, en unidades conductualmente definibles y específicas.

En resumen, al emprender las tareas tiende a ser  más oportuno empezar pequeño y gradualmente ir incrementando.

Concretar la actividad  

Es muy valioso que establezcamos con mucha concreción las tareas a realizar, con todos sus pormenores, como por ejemplo la duración, la intensidad… Esto nos ayudará a establecer un acuerdo y un compromiso claro, además de permitirnos analizar las posibles limitaciones y los elementos que más nos han ayudado a hacer aquello que queríamos.

 

Establecer una agenda

Esto se refiere a planificar un momento del día para realizar la actividad. Lo que ayuda a no estarnos preguntando por nuestro estado de ánimo, y si nos apetece o no, para así incrementar la probabilidad de realizar las actividades. En esta agenda puede ser conveniente especificar los siguientes puntos:

  • ¿Qué actividad?
  • ¿En qué lugar?
  • ¿Durante cuánto tiempo?
  • ¿Intervendrán otras personas?
  • ¿Cómo medir el éxito en la actividad?

 

 

Analiza las limitaciones

Prevenir las limitaciones puede ser muy bueno para que en el momento de la actividad encontremos menos impedimentos.

 

No te castigues

Si no has sido capaz de satisfacer el compromiso con la actividad, raramente te será útil castigarte, porque puede que con ello estés asociando el intentar hacer una actividad con algo desagradable como es el autocastigo. Al contrario, puede ser adecuado celebrar los pequeños éxitos y analizar por qué no has podido llevar a cabo la actividad. Aquí encontramos uno de los motivos del porqué es tan importante establecer la actividad con concreción, ya que así, podemos analizar cuáles han sido las limitaciones encontradas, para entonces encontrar una solución y volverlo a intentar con mayor probabilidad de éxito.

 

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