Seleccionar página

¿Qué es la asertividad?

La asertividad es una habilidad social de comunicación, es algo que puedes entrenar, aprender y mejorar siguiendo los pasos de este artículo. Esta importantísima habilidad es crucial para mejorar nuestras relaciones personales, hacernos respetar y tratar bien a los demás y a nosotros mismos.

Ser asertivo significa ser capaz de adoptar una actitud que te permita comunicar con calma, de manera positiva, eficaz y firme aquello que quieres expresar, disponiéndote así a acordar con el otro la satisfacción de tu demanda.

El ser asertivo implica considerar los derechos, los deseos, las necesidades y las aspiraciones propias y de los demás.

Los diferentes estilos de comunicación: Pasivo, Agresivo y Asertivo

Cuando tratamos de comprender qué es la asertividad es imprescindible contemplar los diferentes estilos comunicativos, para poder hacernos una idea clara de cómo actuar con asertividad al contrastar la asertividad con la pasividad y la agresividad.

El estilo pasivo

Este estilo implica faltarse al respeto a uno mismo, por no expresar lo que uno necesita, sus opiniones, sentimientos, deseos… y acabar haciendo por norma lo que los otros quieren. Algunos pueden usar este estilo al tener una fuerte necesidad de sentir que agradan a los demás.

Sería propio del estilo pasivo:

  • -La indecisión o vacilación
  • -Callarse
  • -Ningunearse a sí mismo
  • -Auto humillarse
  • -Mirar al suelo
  • – Encogerse de hombros
  • -Taparse la boca con la mano

La respuesta clásica del estilo pasivo es el decir “sí” cuando desearían decir “no”

Por ejemplo:

“¿Puedes limpiar la casa hoy?”

Una respuesta típica pasiva podría ser:

“Sí, lo haré después de hacer la colada, ir a correos, hacer la compra y todo lo demás”

La persona que se compromete a limpiar la casa, no tiene tiempo y lo deseable sería que pudiera decir “no”, y precisamente por eso, los demás le colman de tareas.

El estilo agresivo

El estilo agresivo no falla en que no toma en consideración las propias necesidades y derechos -como sí lo hacía el estilo pasivo-, sino que fracasa al no respetar los derechos del otro. Además, este estilo fomenta que el otro tampoco responda de manera asertiva, sino que provoca actitudes pasivas o agresivas en nuestro interlocutor.

Engloba todo tipo de agresiones verbales

Sería propio del estilo agresivo:

  • -Usar sarcasmos
  • -Culpabilizar al otro
  • -Gritar
  • -Amenazar
  • -Humillar
  • -Jactarse de lo bien que lo hace uno y lo mal que lo hace el otro
  • -Chantajear
  • -Manipular
  • -Cruzar los brazos
  • -Dar la espalda
  • -Hablar con desdén
  • -Hablar mal de los demás
  • -Abalanzarse sobre el otro
  • -Tocar al otro de manera inconvenientemente enérgica

 

El estilo asertivo es opuesto tanto al pasivo como al agresivo. El estilo pasivo no tiende a generar conflicto, pero deja de lado la expresión de las necesidades personales, es decir, de aquello que queremos comunicar. Por contra, el estilo agresivo, sí comunica las necesidades, pero lo hace de una manera en la que nos desacreditamos a nosotros mismos al crear conflicto. Ser asertivo es ser capaz de expresar tus deseos respetando también al otro, de manera que incrementamos la posibilidad de que nuestra comunicación llegue a buen puerto.

Pasos para ser asertivo

No te culpes si no eres asertivo

Antes que nada, si te identificas más con el estilo asertivo, pasivo o ambos, está bien. Tu estilo de comunicación es algo que puedes haber aprendido del entorno, de tus compañeros de trabajo, de tus padres…Puede ser que no hayas tenido referentes con estilo Asertivo y que por eso no hayas podido aprender. También puede ser que sí hayas tenido referentes, pero que no hubieras reparado en ello, o que no hubieras sabido controlar tu estado emocional y ello te hubiera llevado a no ser capaz de reaccionar asertivamente. Darse cuenta está genial, pero culparte por ello no te servirá de nada, digamos que no es una conducta asertiva el culparte, y además, probablemente no pondrá tu estado emocional en la mejor disposición para la asertividad.

Controlar las señales verbales y no verbales

Aprender a manejar las señales verbales propias de la comunicación asertiva, es decir, modular la voz de una manera que transmita sinceridad, respeto y a la vez firmeza en nuestro mensaje.  Esto lo conseguiremos:

  • – Graduando el volumen de nuestra voz de forma que sea apropiado en el contexto en el que estemos
  • – Adquiriendo una velocidad de habla moderada
  • – Alcanzando un tono de voz que inspire calidez y ganas de entendimiento

Controlando otras señales de la comunicación no verbal, que indiquen respeto, sinceridad y buena intención, cómo:

  • -Escucha activa. Mostrar una actitud dispuesta a escuchar y abrirse a las propuestas del otro.
  • -Posición corporal abierta al otro. Si damos la espalda al otro al hablarle o si cruzamos los brazos y ponemos cara de irritación, estaríamos descuidando una parte fundamental de la comunicación.
  • – Sonreír o fruncir el ceño cuando sea apropiado

Prepara tu estado mental

Preparar nuestro estado mental con pensamientos que predispongan a la asertividad. Las personas que pueden ser asertivas con facilidad, tienden a tener pensamientos positivos y respetuosos hacia los demás, como:

  • “No voy a tratar de aprovecharme del otro”
  • “No voy a ir en ningún caso con la intención de dañar al otro”
  • “Me quiero hacer respetar pero sin que ello implique herir a nadie”

 

Definir lo que quieres comunicar de manera clara y precisa

Es importante dar a conocer tus necesidades y aspiraciones. Probablemente no serán para nadie tan prioritarias como para ti, así que no esperes a que otro las descubra por sí mismo, pues te puedes quedar esperando para siempre. La alternativa es tomar la iniciativa

Prepara tu estado emocional

Se trata de mirar hacia dentro y ver cómo te sientes, analizando también  qué pensamientos están pasando por tu mente. Si tu estado emocional no es adecuado, puedes utilizar alguna técnica de relajación o aprender a meditar. También puedes emplearte en pensamientos positivos para mejorar tu humor.

Asume que no siempre se puede predecir, y menos controlar, cómo reaccionarán los demás

Exprésate de manera positiva

Expresar de manera constructiva y sensible al otro aquello que quieres comunicar, a pesar de poder ser algo relacionado con una dificultad o con un tema peliagudo, controlando tus emociones y siendo respetuoso.

Disponte a recibir tanto críticas como cumplidos

A veces nos cuesta aceptar tanto las críticas como los cumplidos. Estos pueden ser justificados o no, pero estar abierto a escucharlos es una buena manera de estar tranquilo al aceptar cualquier tipo de respuesta que nos den. Además, las críticas o cumplidos, hablan de la percepción que el otro tiene de nosotros, lo cual puede ser valioso para darnos pistas sobre cómo actuar de la manera más favorable.

Di “NO” cuando sea necesario

A veces puede ser que nos quieran cargar con tareas que no son responsabilidad nuestra, que no queremos hacer, que nos encontremos en situaciones en las que no queremos estar, o incluso, puede que se lleven a cabo acciones abusivas contra nosotros.

Una buena estrategia para aminorar el disgusto del otro al decir “no” sería ofrecer una solución win-win.

 

Técnicas de comunicación asertiva

-Hablar desde el yo

Ofrecer tu visión con humildad, asumiendo que tu criterio, como el de cualquier otro, es subjetivo, y por eso no menos importante que el de nadie. Con frases cómo:

  • yo siento
  • yo quiero
  • yo necesito
  • yo deseo

– Empatizar con el otro

Entender el punto de vista del otro y tratar de asumir su perspectiva, como por ejemplo:

“Entiendo que puedes estás preocupado por las notas que está sacando mi hermana Helena, y es un asunto en el que me gustaría darte apoyo. Pero yo creo que este malestar que genera la situación se está traduciendo en un recorte innecesario de mis libertades y quiero seguir jugando a fútbol porque es algo que disfruto y que es saludable para mí.”

– Aplazar la conversación a otro momento

Hay momentos en los que lo más adecuado es aplazar la conversación para más adelante. Esto puede darse porque el estado material o emocional del otro y/o propio no sean favorables para tener una resolución asertiva del asunto.

Para asegurarnos de que es un buen momento para el otro, podemos tratar de deducir si está o no en un estado de ánimo positivo. También será importante apreciar si está llevando a cabo alguna tarea que no le conviene interrumpir. Si nos parece que el momento es adecuado para el otro considerando estos dos factores, aun así, es muy conveniente preguntar antes de introducir el tema sí es un buen momento para hablar, pues nuestra suposición puede no ser infalible. Esto lo podemos hacer con una frase simple como “¿te iría bien que habláramos ahora? Si no fuera sí, ya buscamos otro momento”

También puede ser que el otro quiera hablar con nosotros y no estemos en un momento emocional adecuado, o que no podamos interrumpir aquello que estamos haciendo. En este caso podemos decir algo así como: “Disculpa, pero ahora mismo no es un buen momento para mí. Te agradecería que retomáramos el asunto cuando tenga las ideas más claras”

-Utiliza los verbos con precisión

¿Estás comunicando algo que podrías hacer o algo que vas a hacer?

¿ algo que deberías hacer o algo que tienes que hacer por obligación?

¿ algo que depende de tu elección o qué es fruto de una necesidad?

A veces puede ser que tengamos la tendencia a ablandar nuestro mensaje con frases del  tipo:

“Me gustaría que me dejaras trabajar unas horas más, puesto que mañana debería tener terminado este trabajo”

En vez de usar una frase que se ajusta mejor a la situación real como:

“necesito que me dejes trabajar unas horas más, puesto que mañana estoy obligado a entregar este trabajo”

-No te limites por no parecer un disco rayado, si te preguntan constantemente lo mismo, es lógico que la respuesta sea la misma.

Por ejemplo:

Él: Me gustaría que trabajaras en el proyecto X.

Tú: Lo siento, no puedo asumir otro proyecto ahora, estoy desbordado de trabajo.

Él: Te van a pagar incentivos si lo haces.

Tú: Lo siento, no puedo asumir otro proyecto ahora, estoy desbordado de trabajo.

Él: Es súper importante porque lo solicita un cliente muy prestigioso.

Tú: Lo siento, no puedo asumir otro proyecto ahora, estoy desbordado de trabajo.

Él: Y lo podrías hacer por mí, como si fuera un favor.

Tú: Disculpa, yo valoro tu amistad, pero independientemente de esto, ahora mismo no puedo asumir otro proyecto.

-Incluye en tu mensaje la descripción precisa de cómo ves la situación, de cuáles son tus sentimientos y atribuciones al respecto y qué tipo de resolución te gustaría.

               Descripción de la situación:

Tiene que ser lo más objetiva posible. Describir las acciones, los sucesos y no hacer atribuciones como “eres un egoísta” o “eres una desconfiada”. Describir la situación no significa decir “eres un egoísta”, sino que una descripción podría ser algo así: “en el momento en que te pedí un trozo de bocadillo obtuve un no por respuesta”.

Ejemplo:

Ayer al llegar a casa tarde del trabajo, me preguntaste con un tono de voz subido qué “dónde había estado”.  Dejé mi teléfono en la mesa y vi como espiabas mis mensajes.

               Descripción de tus emociones y atribuciones:

En todo momento tenemos derecho a sentir lo que sentimos, puesto que muchas veces no podemos  controlar las emociones, simplemente aparecen. Por eso, nadie que nos diga que no tenemos derecho a sentir determinada emoción estará en lo cierto. Las personas que se interesen por nosotros, deberían interesarse también por nuestras emociones, respetarlas y estar abierto a escuchar las emociones que queremos comunicar.

Ejemplo:

“Esto me hace sentir mal, lo percibo como si fuera sospechoso de algo, como si no confiaras en mi”

               Tu demanda:

En este punto es importante especificar lo que queremos de manera objetiva y clara, como lo hicimos al describir la situación. Pedir al otro claramente las acciones que queremos que haga. No sería una demanda clara y asertiva el decir: “quiero que no seas egoísta”, “quiero que no seas desconfiada”. Sí lo sería decir: “quiero que compartas tu bocadillo conmigo” o “quiero que no vuelvas a husmear en mis correos”

Ejemplo:

“Quiero que la persona que está a mi lado no presuponga que estoy mintiendo cuando llego tarde a casa. Quiero que respetes mi intimidad y que no vuelvas a mirar mi teléfono sin mi autorización”

Plantear las consecuencias de manera positiva:

La manera negativa de plantear las consecuencias podría ser:

“si me vuelves a mirar el móvil me voy de casa”

Mientras que la manera positiva sería:

“me sentiré más a gusto compartiendo la vida contigo si respetas la privacidad de mi correo electronico”

Hacerlo así nos ayuda a incrementar los intercambios positivos con la otra persona, lo cual se traduce en una relación más agradable entre tú y el otro.

A %d blogueros les gusta esto: